12/05/2012

M.Williamson alude a la actual situación del IBP

Sábado 12 mayo 2012

MONS. WILLIAMSON: ELEISON CCLII – “Ellos quisieron ser tragados por el monstruo Conciliar. Ahora el monstruo los está digiriendo”

    281671_1750403974854_1681522833_1192197_1686470_n

     

    Comentario Eleison CCLII

    Pero si Roma ofrece a la Fraternidad San Pío X todo lo que ella quiere, ¿Por qué la Fraternidad tendría todavía que rehusar? Aparentemente hay Católicos que todavía creen que si un acuerdo práctico respondiese a todos los requerimientos prácticos de la Fraternidad San Pío X, tendría que ser aceptado. Entonces, ¿Por qué no? Porque no fue con vista al bien de la Fraternidad San Pío X que Monseñor Lefebvre la creó, sino por el bien de la verdadera Fe Católica, amenazada por el Vaticano II como nunca antes había sido amenazada. Pero veamos ahora porque las autoridades de la Nueva Iglesia buscarán cualquier acuerdo práctico lo mismo que las razones por las cuales la Fraternidad San Pío X lo debe rechazar.

    La razón es porque la Nueva Iglesia es subjetivista y todo acuerdo puramente práctico implica que el subjetivismo sea la verdad. Según la nueva religión Conciliar, los dogmas de Fe no son verdades objetivas sino símbolos que satisfacen necesidades subjetivas (Pascendi, 11-13, 21). Por ejemplo, si mi inseguridad psicológica se encuentra tranquilizada por la convicción que Dios se hizo hombre, entonces, para mi, la Encarnación es verdadera, en el único sentido posible de la palabra “verdad”. Así, si los Tradicionalistas sienten la propia necesidad de la vieja religión, entonces ella es la que es verdadera para ellos, y uno hasta puede admirar a que punto se adhieren a su verdad. Pero, en justicia ellos deben a su vez aceptar dejarnos a nosotros los Romanos tener nuestra verdad Conciliar y si ellos no pueden consentir a esta concesión, entonces ellos son de u na manera insoportable arrogantes e intolerantes y no podemos permitir tal disensión dentro de nuestra Iglesia de amor, amor, amor.

    Por eso, la Roma Neo-modernista estaría feliz con cualquier acuerdo práctico por el cual la Fraternidad San Pío X no haría mas que renunciar, aunque solamente sea implícitamente, a su radical reivindicación de la universalidad y obligatoriedad de “sus” verdades. Al contrario, la Fraternidad San Pío X no puede contentarse con cualquier acuerdo que sería un acto que hablaría mas fuerte que las palabras para negar la objetividad de “su” religión de 20 siglos. No es en absoluto “su” religión. Para llegar a un acuerdo con los subjetivistas, me encuentro en la necesidad de dejar de insistir sobre la objetividad. Para insistir sobre la objetividad, no puedo aceptar absolutamente ninguna proposición ofrecida por los subjetivistas, a menos que ellos renuncien a su subjetivismo.img_1314

    Estos Romanos no hacen nada de eso. Y otra prueba de su insistencia de cruzados en pro de su nueva religión viene en la forma de su reciente “Nota sobre las conclusiones de la visita canónica al Instituto del Buen Pastor” en Francia. Los lectores se acordarán que este Instituto fue uno entre varios fundados después del Concilio para permitir al Catolicismo Tradicional ser practicado bajo la autoridad romana. Roma puede esperar algunos años antes de actuar, para asegurarse que el pobre pescado esté bien agarrado al anzuelo, pero entonces -

    La “Nota” pide que el Vaticano II y el Catecismo de 1992 de la Nueva Iglesia deben estar incluidos en los estudios del seminario del Instituto. El Instituto debe insistir sobre la “hermenéutica del renuevo en la continuidad” y debe dejar de llamar al rito Tridentino de la Misa su “exclusivo” rito de la Misa. El Instituto debe entrar en la vida diocesana oficial con un “espíritu de comunión”.

    En otras palabras, el Instituto Tradicional debe dejar de ser tan Tradicional si es que quiere pertenecer a la Nueva Iglesia. ¿Podía el Instituto esperar otra cosa? Para conservar la Tradición, tendría que salir de nuevo de la sumisión a la autoridad de la Nueva Iglesia. ¿Qué posibilidad existe de tal cosa? Ellos quisieron ser tragados por el monstruo Conciliar. Ahora el monstruo los está digiriendo.

    Entonces, ¿Por qué, en nombre del Cielo, habría de ser el peligro diferente con la Fraternidad? La tentación de Roma puede ser rechazada por esta vez por la Fraternidad, pero no nos hagamos ninguna ilusión: los subjetivistas volverán una y otra vez para desembarazarse de esta verdad objetiva y de esta Fe objetiva que constituyen un constante reproche a su criminal delirio de ellos.

    Kyrie eleison.

    11/05/2012

    Conferencia de Mgr. Marcel Lefebvre (Econe Sept 1990) Utilizada por los tres Obispos en su Carta a Mgr. Fellay

    CONFERENCIA DE MONS. MARCEL LEFEBVRE (ECONE SEP 1990) UTILIZADA POR LOS 3 OBISPOS EN SU CARTA A MONS. FELLAY

      cabezal2012Traducción de Radio Cristiandad – Original en francés aquí

      lefebvreLos pro y los anti-Syllabus

      Conferencia de Monseñor Lefebvre al final del retiro sacerdotal del mes de septiembre de 1990 en Ecône.

      Esta sigue siendo de actualidad ya que ilustra muy bien el cambio radical operado en la Iglesia por el Concilio.

      El Vaticano II ha asumido lo contrario de lo que el magisterio había enseñado, notablemente en cuanto al combate que habían dirigido los papas del siglo XIX y XX hasta Pio XII en contra de los errores modernos.

      Después de recordar una conversación telefónica con el cardenal Oddi el cual lo presionaba para pedir “un pequeño perdón al papa” y en el curso de la cual Monseñor le manifestó: “Es necesario que Roma cambie. No es una cuestión de liturgia sino una cuestión de fe” Monseñor Lefebvre declaró que el combate que vivimos hoy en día es siempre el mismo. Existen los pro-Syllabus y los que están en contra.

      Fideliter N° 87.
      Mayo-Junio 1992

      El problema se mantiene muy grave, no hay que minimizarlo. Esto es lo que hay que responder a todos los laicos que preguntan si la crisis terminará, si no habría otro medio de tener una autorización para nuestra liturgia, para nuestros sacramentos…

      Ciertamente la cuestión de la liturgia y de los sacramentos es muy importante, pero es más importante todavía la cuestión de la fe. Para nosotros esta cuestión está resuelta porque nosotros tenemos la fe de siempre, la del concilio de Trento, la del catecismo de San Pio X, de todos los concilios y de todos los papas anteriores al Vaticano II; en una palabra, la fe de la Iglesia.

      ¿Y en Roma? La perseverancia y la pertinacia de las ideas falsas y de los graves errores del Vaticano II continúan. Esto está claro.

      El Padre Tam nos ha enviado recortes del Osservatore Romano: discursos del Santo Padre, del cardenal Casaroli, del cardenal Ratzinger. Son documentos oficiales de la Iglesia de los cuales no se puede dudar de su autenticidad, y estamos estupefactos.

      En este tiempo (ya que estoy un poco en descanso) he releído el libro que ustedes conocen bien, de Barbier, acerca del catolicismo liberal. Es asombroso ver que nuestro combate es exactamente el de los grandes católicos del siglo XIX desde la Revolución, y el combate de los papas Pio VI, Pio VIII, Gregorio XVI, Pio IX, León XIII, san Pio X hasta Pio XII. Ahora bien, ¿en qué se resume este combate? En Quanta Cura y el Syllabus de Pio IX, y Pascendi domini gregis de san Pio X. Son documentos sensacionales, que por otro lado causaron conmoción en su tiempo y que opusieron la doctrina de la Santa Sede a los errores modernos. Es la doctrina de la Iglesia que se ha opuesto a los errores que se han manifestado en el transcurso de la Revolución, particularmente en la Declaración de los derechos del hombre.

      Este es el combate que libramos hoy en día: Existen los pro-Syllabus, los pro-Quanta Cura, los pro-Pascendi y existen aquellos que son contrarios. Esto es muy simple.

      Los que están contra estos documentos adoptan los principios de la Revolución, los errores modernos. Los que están a favor permanecen en la verdadera fe católica.

      Ahora bien, ustedes saben muy bien que el cardenal Ratzinger ha dicho oficialmente que para él el Vaticano II era el anti-Syllabus. Si él está claramente colocado contra el Syllabus, es porque él ha adoptado el principio de la Revolución. De allí que ha dicho claramente: “La Iglesia está abierta a las doctrinas que no son nuestras sino que vienen de la sociedad, etc.” Todo el mundo ha comprendido: los principios del 89, los derechos del hombre.

      Nosotros estamos exactamente en la situación del cardenal Pie, de Mgr. Freppel, de Louis Veuillot, del diputado Keller en Alsacia, de Ketler en Alemania, del cardinal Mermillod en Suiza, quienes han combatido el buen combate con la gran mayoría de los obispos, porque en esa época ellos tenían la oportunidad de tener la gran mayoría de los obispos con ellos. Ciertos, Mgr. Dupanloup y algunos obispos franceses han sido la excepción. Igualmente algunos en Alemania y en Italia han estado abiertamente en contra del Syllabus y de Pio IX, pero éstos fueron casos extraordinarios.

      Había esta fuerza revolucionaria de los herederos de la Revolución y, para tenderles la mano, los Dupanloup, Montalembert, Lamennais, que no quisieron jamás invocar los derechos de Dios en contra de los derechos del hombre.

      « Nosotros pedimos el derecho común” es decir, lo que conviene a todos los hombres, a todas las religiones, a todo el mundo. El derecho común, no los derechos de Dios.

      Nosotros nos encontramos en el presente en la misma situación, no hay que hacerse ilusiones: nosotros dirigimos un combate muy fuerte. Pero como está asegurado por toda la línea del Pontificado, no debemos dudar o tener miedo.

      Algunos quisieran cambiar esto o aquello, unirse a Roma, al Papa… Nosotros lo haríamos, por supuesto, si ellos estuvieran en la Tradición y continuaran el trabajo de todos los papas del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Pero ellos mismos reconocen que han tomado un camino nuevo, que el Concilio Vaticano II ha abierto una nueva era, y que la Iglesia recorre una nueva etapa.

      Pienso que debemos inculcar esto a nuestros fieles, de tal manera que ellos se sientan solidarios de toda la historia de la Iglesia. Porque finalmente ella se remonta incluso hasta antes de la Revolución: es el combate de Satán contra la Ciudad de Dios. ¿Cómo va a resolverse? Este es un secreto de Dios, un misterio. Pero no hay que preocuparse, hay que tener confianza en la gracia del Buen Dios.

      Que vayamos a combatir contra las ideas actualmente en boga en Roma, las que el Papa expresa, así como Ratzinger, Casaroli, Willebrands y tantos otros, es claro. Nosotros los combatimos porque ellos no hacen más que repetir lo contrario de los que los papas han dicho y afirmado solemnemente durante un siglo y medio.

      Tenemos que escoger.

      No dudaremos ni un minuto si no queremos encontrarnos con aquellos que nos están traicionando. Hay quien desea mirar del otro lado de la barrera. Ellos no miran del lado de los amigos, de los que se defienden en el mismo terreno de combate, ellos miran un poco del lado del enemigo.

      Ellos dicen que hay que tener caridad, tener buenos sentimientos, que hay que evitar las divisiones. Después de todo, estas personas dicen cuando menos la misa buena, no son tan malos como se dice…

      Pero ellos nos traicionan. Dan la mano a los que demuelen la Iglesia, a los que tienen ideas modernistas y liberales y por lo tanto condenadas por la Iglesia. Por lo tanto ahora, ellos hacen el trabajo del diablo, ellos que trabajan con nosotros por el reino de Nuestro Señor y por la salvación de las almas.

      « Oh, siempre que se nos acuerde la buena misa, podemos dar la mano a Roma, no hay problema” ¡Mira cómo funciona! Ellos están en un callejón sin salida porque no se puede a la vez dar la mano a los modernistas y querer conservar la Tradición.

      Que se tenga contacto con ellos para traerlos a la Tradición, para convertirlos, en último extremo. Este es el buen ecumenismo. Pero dar la impresión casi como si nos arrepintiéramos, y que después de todo estaría bien hablar con ellos, esto no es posible. ¿Cómo hablar con los que ahora nos dicen que estamos inmóviles como cadáveres? Según ellos, nosotros ya no somos la Tradición viva, somos gentes tristes “sin vida y sin alegría”. ¡Se creería que ellos jamás han formado parte de la Tradición! Es inverosímil. ¿Cómo quieren que se pueda tener relaciones con ellos?

      Es lo que nos plantea a veces problemas con algunos muy buenos laicos, que nos son favorables y han aceptado las Consagraciones, pero que tienen un cierto pesar íntimo de no estar con los que estaban antes, con los que no aceptaron las Consagraciones y que ahora están en nuestra contra. “Es una lástima, quisiera irlos a encontrar, tomar una copa con ellos, tenderles la mano”. Esto es traición, porque a la menor ocasión se irán con ellos. Hay que saber lo que queremos.

      Esto es lo que ha asesinado a la Cristiandad de Europa, no solamente a la Iglesia de Francia sino también a la de Alemania, de Suiza… Son los liberales que han permitido a la Revolución instalarse, precisamente porque les han tendido la mano a aquellos que no tenían sus mismos principios.

      La pregunta es si queremos colaborar también a la destrucción de la Iglesia, a la ruina del reino social de Nuestro Señor, o si nos hemos comprometido a trabajar por el reinado de Nuestro Señor Jesucristo.

      Todos los que quieran venir con nosotros, para trabajar con nosotros, Deo gratias, les damos la bienvenida, poco importa de dónde vienen, pero que no nos pidan dejar nuestro camino para ir a colaborar con los otros. Esto no es posible.

      A lo largo del siglo XIX, los católicos se han literalmente destrozado a propósito del documento del Syllabus, a favor, en contra, a favor, en contra…

      Ustedes recordarán en particular al conde de Cambord que fue criticado de haber rehusado la realeza por una cuestión de bandera. Pero no fue solamente una cuestión de bandera, el conde de Chambord se rehusó ser sometido a los principios de la Revolución. El dijo: “No consentiría jamás ser el rey legítimo de la Revolución”. Y tenía razón, ya que hubiera sido plebiscitado pro el país y la Asamblea, pero a condición de aceptar el parlamentarismo, es decir, los principios de la Revolución. También dijo: “No, si yo debo ser rey, lo sería según mis ancestros de antes de la Revolución”.

      Tenía razón. Hay que escoger. Con el Papa, el escogió los principios anteriores a la Revolución, principios católicos y contrarrevolucionarios. Y nosotros también escogimos ser contrarrevolucionarios, con el Syllabus, contra los errores modernos, estar en la verdad católica y defenderla.

      Este combate entre la Iglesia y los liberales modernistas es el del concilio Vaticano II. No hay que buscarle tres pies al gato. Y va más lejos. Entre más se analizan los documentos del Vaticano II y la interpretación que le han dado las autoridades de la Iglesia, más nos apercibimos que se trata no solamente de algunos errores, el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, un cierto liberalismo, sino de una perversión del espíritu. Es toda una nueva filosofía basada en la filosofía moderna del subjetivismo.

      El libro que acaba de aparecer de un teólogo alemán y el cual espero que sea traducido al francés a fin de que lo puedan tener entre sus manos, es muy instructivo de este punto de vista. Comenta el pensamiento del Papa, especialmente un retiro que predicó en el Vaticano siendo simple Obispo. Demuestra que en el Papa todo es subjetivo. Cuando enseguida leemos su discurso, nos apercibimos que ése es su pensamiento. A pesar de las apariencias, no es católico. El pensamiento del Papa en cuanto a Dios, en cuanto a Nuestro Señor, viene del fondo de su conciencia y no de una Revelación objetiva a la cual se adhiere con su inteligencia. El construye la idea de Dios. Últimamente dijo en un documento inverosímil, que la idea de la Trinidad no ha podido llegar sino muy tarde, porque es necesario que la psicología del hombre interior pueda ser capaz de llegar a la Santísima Trinidad. Entonces la idea de la Trinidad no viene de una Revelación, sino del fondo de la conciencia.

      Estos no son pequeños errores. Nos encontramos delante de toda una corriente filosófica que remonta a Descartes, a Kant, a toda la línea de filósofos modernos que han preparado la Revolución.

      He aquí algunas citas del Papa sobre el ecumenismo publicadas en el Osservatore Romano del 2 de junio de 1989:

      « Mi visita a los países nórdicos es una confirmación del interés de la Iglesia católica en la obra del ecumenismo que es el de promover la unidad entre todos los cristianos. Hace 25 años que el concilio Vaticano II ha insistido claramente en la urgencia de este desafío en la Iglesia. Mis predecesores han buscado alcanzar este objetivo con una perseverante atención a la gracia del Espíritu Santo quien es la fuente divina y el garante del movimiento ecuménico. Desde el inicio de mi pontificado, he hecho del ecumenismo la prioridad de mi solicitud para la acción pastoral”.

      Está claro.

      Y el papa, sin detenerse, hace discursos sobre el ecumenismo porque él recibe constantemente a delegaciones de ortodoxos, de todas las religiones, de todas las sectas.

      Se podría decir que éste ecumenismo no hizo el mínimo progreso en la Iglesia. No condujo a nada sino a confortar a los demás en sus errores, sin buscar convertirlos. Todo lo que ha sido dicho son galimatías: la comunión, el acercamiento, desearíamos muy pronto estar en una comunidad perfecta, esperamos en poco tiempo poder comulgar en los sacramentos de la unidad… Y así sucesivamente. Pero ellos no avanzan, es imposible que avancen jamás.

      Todavía en el Osservatore Romano, se encuentra un discurso de Casaroli dirigiéndose a la Comisión de los derechos del hombre de las Naciones Unidas:

      « Respondiendo con mucho placer a la invitación que me ha sido dirigida de venir hasta ustedes aportándoles el apoyo de la Santa Sede, deseo centrarme un poco –y todos lo comprenderán- en un aspecto específico de la libertad de pensar y de actuar según su conciencia, luego la libertad religiosa”. (¡Escuchar cosas como éstas de boca de un arzobispo!). “Juan Pablo II no dudaba en afirmar el año pasado en un mensaje para la Jornada mundial de la paz, que la libertad religiosa constituye la piedra angular en el edificio de los derechos del hombre.

      La Iglesia Católica y su Pastor supremo, que ha hecho de los derechos del hombre uno de los grandes temas de su predicación, no han dejado de recordar que en el mundo hecho por el hombre y para el hombre (dixit Casaroli!)”Toda organización de la sociedad no tiene sentido más que en la medida en que ella haga de la dimensión humana su preocupación central”. (Dios, no se habla más de la dimensión de Dios en el hombre, es horrible, es el paganismo). Entonces el continúa: “Todo hombre y todo el hombre, esa es la preocupación de la Santa Sede, tal es sin duda la vuestra también”.

      No tenemos nada que ver con esta gente, porque no tenemos nada en común con ellos.

      Entonces nuestro famoso Ratzinger se encuentra ahora molesto de haber dicho que el Vaticano era un contra-Syllabus, porque se lo reprochamos a menudo. Es por eso que él ha encontrado una explicación que ha dado el 27 de junio de 1990.

      Ustedes saben que Roma ha publicado un río de documentos para explicar las relaciones entre el Magisterio y los teólogos. Como no saben cómo salir de los apuros que tienen en todas partes, tratan de recuperar a los teólogos sin condenarlos mucho. Hay páginas y páginas, es para perderse completamente.

      Es en la presentación de este documento que el cardenal Ratzinger ofrece su opinión sobre la posibilidad de poder decir lo contrario de lo que los papas han siempre afirmado desde el siglo pasado.

      « El documento, dice el Cardenal (Ratzinger), afirma quizá por primera vez con claridad (en efecto, pienso que esto es cierto), que hay decisiones del Magisterio que no pueden ser la última palabra sobre un asunto como tal, sino que son un anclaje substancial en el problema (¡el maligno!) Y antes que todo una expresión de prudencia pastoral. Una especie de disposición provisoria. (¡Las decisiones oficiales de la Santa Sede, disposiciones provisorias!) El núcleo se mantiene estable pero los aspectos particulares sobre los que tienen una influencia las circunstancias del tiempo, pueden tener necesidad de rectificaciones ulteriores. A este respecto se pueden señalar las declaraciones de los papas del siglo pasado sobre la libertad religiosa (¡por favor!) como también las decisiones anti modernistas de principios de siglo. (¡Va fuerte!) Y sobre todo las decisiones de la Comisión bíblica de la misma época” (Entonces no puede digerirlas).

      He aquí tres decisiones del Magisterio que se pueden dejar de lado. Pueden cambiar. A este respecto se puede señalar las declaraciones de los papas del siglo pasado que necesitan rectificaciones ulteriores “Las decisiones anti modernistas han hecho un gran servicio, pero después de haber rendido su servicio pastoral en su tiempo, en sus determinaciones particulares, actualmente son obsoletos”. (Ahora damos la vuelta a la página del modernismo. Se terminó, no hablemos más).

      Se libra de la acusación que se le hace de estar contra el Syllabus, contra decisiones pontificales y el Magisterio: queda el núcleo (¿qué núcleo? ¡No lo sabemos!) Pero los aspectos particulares sobre los cuales tienen una influencia particular las circunstancias del tiempo pueden necesitar rectificaciones posteriores. Voila! Está hecho, es increíble.

      Cómo quieren que se les tenga confianza a personas como éstas, que justifican la negación de Quanta Cura, de Pascendi, de las decisiones de la Comisión Bíblica, etc…

      O bien nosotros somos los herederos de la Iglesia Católica, es decir, de Quanta Cura, de Pascendi, con todos los papas hasta antes del concilio, y la gran mayoría de los obispos de entonces, por el reino de Nuestro Señor Jesucristo y la salud de las almas, o bien somos herederos de aquellos que se esfuerzan, incluso al precio de una ruptura con la Iglesia y su doctrina, de admitir los principios de los derechos del hombre, basados en una verdadera apostasía, con vista a obtener una presencia de servidores en el gobierno mundial revolucionario. Porque eso es el fondo: a fuerza de estar en pro de los derechos del hombre, de la libertad religiosa, la democracia y la igualdad de los hombres, tendrán un sitio en el gobierno mundial, pero será un sitio de servidores.

      Si yo les digo estas cosas, es porque me parece que hay que retomar nuestro combate con quien lo ha precedido. Porque no ha comenzado con el Concilio, este combate tan duro, tan penoso en el cual la sangre se ha derramado. La separación de la Iglesia y el Estado, los religiosos y religiosas perseguidos, el dominio sobre todos los bienes de la Iglesia, han constituido una verdadera persecución, no solamente aquí sino en Suiza, en Alemania, en Italia. Fue desde el momento de la ocupación de los Estados Pontificios que el Papa se encontró relegado en el Vaticano, presa de cosas abominables. Entonces ¿estaremos con todo el mundo contra la doctrina de los papas sin ocuparnos de las protestas que ellos han elevado para defender los derechos de la Iglesia y de Nuestro Señor, para defender las almas?

      Creo verdaderamente que tenemos unos cimientos y una fuerza que no provienen de nosotros. No es nuestro combate el que libramos, es el de Nuestro Señor, continuado por la Iglesia. No podemos dudar: O bien estamos con la Iglesia o contra ella, nosotros no estamos con esta Iglesia conciliar que cada vez es menos la Iglesia Católica, prácticamente no queda nada.

      Antes, cuando el Papa hablaba de los derechos del hombre, frecuentemente hacía alusión a los deberes del hombre igualmente. Ahora ya no más: todo es por el hombre, para el hombre. Quise hacerles estas consideraciones para que ustedes se fortifiquen también, y que tengan conciencia de continuar el combate con la gracia del Buen Dios.

      Porque es evidente que ya no existiríamos si el Buen Dios no estuviera con nosotros. Ha habido al menos cuatro o cinco ocasiones en el curso de las cuales la Fraternidad hubiera desaparecido. Y gracias a Dios, estamos aquí todavía para continuar. Ella debió desaparecer en particular en la ocasión de las consagraciones, ¡nos lo predijeron tanto! Todos los profetas de desgracias e incluso algunos cercanos nos dijeron: “Monseñor, no lo haga nunca, será el fin de la Fraternidad”. Pero no, el Buen Dios no quiere que su combate termine. Es todo.

      Este combate ha tenido sus mártires: los mártires de la Revolución y todos aquellos que han sido martirizados moralmente en el curso de todas las persecuciones de los siglos XIX y XX. San Pio X ha sufrido el martirio a causa de tantos obispos perseguidos, de conventos expropiados, de religiosos cazados más allá de las fronteras entre otras cosas. ¿Y todo eso por nada? Este sería un falso combate, inútil, un combate que condenarían las víctimas y los mártires. Esto no es posible.

      Nosotros estamos inmersos en esta corriente, en esta continuidad, agradezcamos al Buen Dios. Somos perseguidos, es evidente, nosotros somos los únicos excomulgados, los únicos perseguidos, pero no podemos no serlo.

      ¿Entonces qué pasará? No lo se. ¿Elías? Apenas esta mañana leía en la Escritura: “El regresará y pondrá todo en su lugar”, Omnia restituet. Que venga rápido!

      Humanamente hablando, no veo la posibilidad de un acuerdo actualmente. Me decían ayer: “si Roma aceptara sus Obispos y que usted estuviera completamente exento de la jurisdicción de los obispos…” Por principio ellos están lejos de aceptar una como esa, además es necesario que ellos nos hagan la oferte y yo no pienso que estén listos porque la dificultad de fondo, que es el darnos un obispo tradicionalista. Ellos no quieren más que un obispo con el perfil de la Santa Sede. El perfil, ustedes comprenden lo que quiere decir. Ellos saben muy bien que dándonos un obispo tradicional, construirían una ciudadela tradicionalista. Ellos no lo quieren y tampoco se lo han dado a los otros. Cuando los otros dicen que han firmado el mismo protocolo que nosotros, no es verdad. Nuestro protocolo preveía un obispo y dos miembros en la Comisión romana. Pues bien, ellos no tienen ni el obispo ni los miembros en la Comisión romana. Roma ha retirado esto del protocolo, pues no lo quería a ningún precio.

      El primero de noviembre próximo festejaremos el vigésimo aniversario de la Fraternidad, y yo estoy íntimamente convencido que es ella quien representa lo que el Buen Dios quiere para guardar y conservar la fe, la verdad de la Iglesia y lo que todavía pueda ser salvado de la Iglesia. Esto se hará gracias también a los obispos que rodean al Superior general, cumpliendo su rol indispensable de mantenedores de la fe, predicando, dando las gracias del sacerdocio y de la confirmación. Estas son cosas irremplazables de las cuales tenemos absoluta necesidad.

      Todo esto es muy consolador, y pienso que nosotros podemos agradecer al Buen Dios, y obrar en la perseverancia, a fin de que un día se reconozca lo que hacemos. Aunque la visita del cardenal Gagnon no haya dado muchos resultados, cuando menos muestra que estamos presentes y que en la fraternidad se hace el bien. Aunque ellos no hayan querido decirlo expresamente, están obligados de reconocer que la Fraternidad representa una fuerza espiritual irremplazable para la fe, donde ellos, espero, tendrán la alegría y la satisfacción de servirse cuando hayan regresado a la fe tradicional.

      Roguemos a la Santísima Virgen, pidamos a Nuestra Señora de Fátima, en todas las peregrinaciones respectivas en todos los países, de venir en la ayuda de la Fraternidad para que tenga muchas vocaciones. Deberíamos tener un poco más de vocaciones, nuestros seminarios no están llenos. Pero pienso que con la gracia de Dios, eso vendrá. Gracias por haberme escuchado. Les pido orar para que yo tenga una buena y santa muerte, porque ahora es lo que me queda por hacer.

      Ha sido el mes de las estadísticas del blog.(5.001 amigos en fb.)

      Comunico que se lleno el perfil de Facebook del blog, lamentablemente hubo 3 solicitudes que no alcanzaron a entrar, el sistema solo admite 5.000 amigos por cuenta, si se quiere admitir mas es menester borrar algunos de los ya existentes..en fin, si alguno de ustedes se comunica con los rechazados díganles que lo siento mucho, que no insistan pues no se puede, no es mala voluntad.

      Además se hubiesen peleado muchísimo con otros de los amigos del blog…jajaja

      Gladius

      http://www.facebook.com/CRUXETGLADIUS

      5001 amigos

      5-9-2012 4-25-04 AM5-9-2012 3-53-11 AM

      Facsímil de la respuesta del Consejo General de la FSSPX a los 3 obispos .

      Lettre-1

      lettre-2

      lettre-3

      Lettre-4

      Facsímil de la carta de los 3 obispos al Consejo General de la FSSPX

       

      Evques-1

      eveques-2

      03/05/2012

      Devocion a los Mil Jesus

       
      A LOS MIL JESÚS

      (se realiza el 4 de mayo)

      Enviada por el R.P. José Luis Pinzón, I.B.P.(Colombia)

      Recuerdo del descubrimiento de la Santa Cruzen Jerusalén (año 326 d. C.).

      Breve historia
      Santa Helena (247-327), madre del emperador Constantino, a la edad de 80 años, emprendió
      en Jerusalén las excavaciones que dieron por resultado el hallazgo de la principal
      reliquia de la Pasión, la verdadera cruz de nuestro Señor Jesucristo. Inicialmente se encontraron
      tres cruces. Como no se sabía cuál era la verdadera, en que nos redimió Jesús,
      entonces, en esta incertidumbre, el patriarca de Jerusalén, san Macario, mandó hacer
      oración y pedir iluminación al Espíritu Santo y luego hizo traer a una mujer enferma y
      desahuciada por los médicos. A ésta le mando aplicar la primera cruz y la segunda sin ver
      fruto alguno. Y al aplicar la tercera repentinamente la mujer quedó del todo sana y recuperó
      su perfecta salud. Con este milagro se acabó la duda y se entendió que aquella era la
      verdadera cruz en la que había sido crucificado nuestro Divino Salvador.


      Cómo se rezan los mil Jesús
      Esta devoción consiste en invocar el nombre de Jesús mil veces para derrotar de las
      casas a las huestes del mal. Como testimonio del triunfo del bien sobre el mal se hace una
      cruz de madera o de ramos de olivo y se conserva todo el año en la casa. El nombre de
      Jesús significa Salvador. Éste viene del cielo. A san José se lo manifestó un ángel en
      sueños (cfr. Mateo 1, 21) y a la Santísima Virgen, el arcángel Gabriel en el momento de
      la Anunciación (cfr. Lucas 1, 31-33).


      El poder de intervención y la majestad temible de este nombre es milagroso, porque está
      sobre todo nombre y ante el cual se arrodilla todo ser, en los cielos, en la tierra y en los
      infiernos. Para venerar este nombre sagrado, se hace un altar pequeño, con una cruz en el
      medio, dos veladoras, flores y un poco de agua bendita. Se escribe una carta pidiéndole al
      señor por los méritos de su Pasión, para que no falte nada de lo necesario en los hogares
      y se pide un favor especial. Al final del rezo se quema. En una vasija se ponen 20 granos
      de maíz o fríjol o piedras para contar el número de Jesús rezados.


      Podemos rezar los mil Jesús con la camándula, de la siguiente manera:


      Nos persignamos. Por la señal de la santa cruz...
      En silencio pedimos la gracia que se quiere.
      Rezamos el Acto de Contrición y el Padrenuestro.


      Al empezar la decena de la camándula se dice: “Santísima cruz de mayo, mi abogada has
      de ser, en la vida y en la muerte me has de favorecer. Si a la hora de mi muerte el demonio
      me tentare, le diré: Satanás, Satanás, conmigo no contarás ni tendrás parte en mi alma,
      porque el Día de la Santa Cruz dije mil veces Jesús”.


      Se pasan todas las cuentas del rosario diciendo Jesús, Jesús, Jesús... (50 veces) y cuando
      haya terminado de contar un rosario completo con un granito se va sumando y se dice
      un Gloria, un Padrenuestro y la oración inicial.

      Y se vuelve a repetir hasta que se acaben los granitos.
      Cuando se hayan contado los 20 rosarios, se terminan los mil Jesús.
      Oración final:
      Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos, que, por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
      Jesús, Jesús, Jesucristo.
      Jesús, mi Jesús por siempre.
      Jesús, Jesús en mi vida, Jesús, Jesús en mi muerte.
      Dulce Jesús, sé mi Jesús y sálvanos.
      Oremos
      Oh, Dios, que, al recordar hoy el descubrimiento de la verdadera cruz, renovaste los
      milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel sagrado leño de vida
      alcancemos eficaz socorro y ayuda del cielo para la vida eterna.
      Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
      Amen.


      Bendición final con agua bendita: El Señor esté con vosotros.
      Respuesta: Y con tu Espíritu.
      La bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
      Se puede terminar con un canto.

       


      Santa Missa de Siempre en el Oratorio del I.B.P. en Bogotá Colombia (clic para ver ubicación)

      02/05/2012

      Medio Millon de Visitas

      Si ya se, no es taaanto como las de cristindadfm.com y otros sitios “tradis”, pero, el blog es mio y celebro los logros, ayer 5 años, hoy sobrepasando las 500.000 visitas unicas (por que ese es merito, muchos blogs marcan vista con cada refrsh) otros ponemos el contador para que releve el numero solo una vez por IP…(¿y eso a quien le importa?)..no se pero es un dato…jeje

      Gracias otra vez y que Dios nos bendiga a todos

      P-s. y faltando 3 horas para concluir el dia, van 1.157 visitas, otro record mas, siendo que la media diaria corresponde a 522 visitas, segn el ecntro de calculos de sitemeter..

      Gladius.

      500.000 visitas

      01/05/2012

      Santoral (Santos Felipe y Santiago, Apostoles)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
       
      SANTOS FELIPE Y SANTIAGO, APÓSTOLES

      SANTOS FELIPE Y SANTIAGO

      Hoy celebra la Iglesia juntamente la festividad de los apóstoles Felipe y Santiago el Menor.

      Cada vez que evocamos el recuerdo de los doce primeros propagadores de la fe, nos sentimos penetrados de calurosa admiración y hondísima piedad.

      Aquellos doce hombres ignorados, obscuros, humildes, marchando a las ciudades populosas, sin bagaje, sin armas, sin recursos, para predicar la ley de Cristo, contra los errores de los pueblos idólatras; aquellas largas peregrinaciones a través de la tierra, aquella serie de privaciones, de suplicios, de escarnios, de tormentos, levantan en nuestro corazón, al par que indignación profunda hacia los Césares y jerarcas ominosos del imperio, una devoción tiernísima para los primeros adalides de nuestra fe, pilares inconmovibles sobre los cuales se asentó el majestuoso e indestructible edificio de la Iglesia Católica!...

      Al contemplar los triunfos alcanzados por ellos en medio de la ruda oposición de los imperios; al verlos proseguir, venciendo con la dulzura, la paciencia, el amor, la humildad, todos cuantos obstáculos desplegó en contra suya la tiranía; al ver triunfante la Verdad católica, enaltecida la Cruz divina, hasta entonces símbolo del deshonor entre los pueblos, una exclamación se escapa de nuestros labios, exclamación de asombro, de entusiasmo por Cristo, que realizó, en aquella obra de evangelizar las naciones por medio de doce humildes pescadores, el mayor de todos los milagros.

      Ite, -díjoles el Señor-, docete omnes gentes. Id, y enseñad a todas las gentes. Y aquel mandato sublime es seguido por los apóstoles. Van a enseñar al mundo pagano, sin la ciencia de Platón ni de Aristóteles. Van a predicarles las augustas doctrinas, sin tener la elocuencia de un Demóstenes o un Pericles. Van a mandarles que abandonen el culto de los dioses falsos, sin llevar tras sí las fuerzas vencedoras de Alejandro. Van a cautivar la mente y el corazón de los hombres, sin el oro vil, cuya reluciente ofrenda capta fácilmente la afición de muchas voluntades…

      ¡Allá van los apóstoles!... ¡Vedlos!...

      Sin ser sabios, enseñan y convencen. Sin ser afligigranados oradores o retóricos, arrebatan con su palabra a las grandes muchedumbres. Sin manejar la espada, conquistan las naciones, derrumban pútridos imperios. Sin dádivas ni ofrecimientos de brillante calidad terrena, ellos han subyugado el corazón humano.

      ¿Por qué este inmenso triunfo? ¿Cómo doce hombres han podido alcanzar, frente al desatado poder de todo el mundo, gloria tan universal e imperecedera?

      No lo ignoramos: Jesucristo, después de aquellas santas palabras: “Id, enseñad a todas las naciones”, agregó: “Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”.

      Y por esta asistencia divina, los apóstoles vencen en el mundo. Ellos no le ven, no le oyen, pero Jesucristo está con ellos, camina al lado de ellos, les ayuda, les inspira, les alienta, les fortalece… ¡Así el apostolado realiza la gran obra de regenerar la tierra! Porque en realidad, ¿qué es todo apóstol?, ¿qué es todo hombre que se sacrifica por la verdad divina en bien de sus semejantes? Ya lo dijo uno de nuestros más célebres oradores: El apóstol es el espíritu de Cristo con toda su sencillez y en toda su elocuencia.

      ¡Y cuántos sacrificios impone la sublime profesión, la santa carrera de apóstol!... Hay que abandonar la patria, la familia, los amigos; hay que hacer abstracción de todos los goces; aceptar las mayores incomodidades; no rehuír el peligro, ofrecerse como víctima; si es preciso, ceñirse con la inmortal diadema de los mártires.

      Contemplad a los doce apóstoles primitivos; vedles abandonar las riberas de sus ríos, las sombras de sus árboles, las faldas de sus montañas, su patria, en fin, para espaciarse por la tierra y predicar a los hombres la doctrina del Salvador. Vedles sudorosos, jadeantes, hambrientos, surcando países desconocidos, siendo objeto de burla y de irrisión y de odio por parte de los gentiles. Vedles, al final de su gloriosa carrera, crucificados unos, apedreados otros, ¡todos vertiendo su sangre generosa en holocausto de la fe!...

      El sublime espectáculo de todos estos sacrificios no ha dejado de repetirse, porque la raza de los hombres apostólicos no concluye, como tampoco la de los tiranos opresores. ¿Qué son todos esos varones abnegados, que van a predicar la fe a las abrasadas llanuras del África, a las heladas regiones esquimales, a los espesos bosques de América o a algún desolado peñón de la Oceanía? ¿Qué son sino continuadores de aquella obra gigante realizada en el mundo por los doce primeros discípulos del Señor?

      (CONTINUARÁ… Pag. 9)

      5° Aniversario de Crux et Gladius

       

      5° año

      Un día como hoy, hace un año, el Modernismo Internacional beatificaba al osculador del Corán (Juan Pablo II). Y hace 236 años en Babiera, Adam Weisaupt fundaba los Illuminatis.También en ésta fecha fue designado por otra Internacional, la Socialista, como el "Día del Trabajo"mientras que en la Cristiandad celebramos la Fiesta de San José Obrero, Fiesta instituída por el Papa Pío XII el 1 de mayo de 1955 con la clara intención de cristianizarla, pero que ha redundado en la marxistización del Santo y el uso político del mismo por parte de los curas tercermundistas.
      Y este día, hace cinco años se me ocurrió iniciar este Blog, con la finalidad de dar a conocer la Tradición Católica, las conspiraciones que llamo serias (excluyendo la basura anunaki y reptiliana) y mi pensamiento crítico en referencia a un sin número de temas.
      Han pasado cinco años y me ha sucedido casi de todo: he perdido amigos y oportunidades,me han amenazado, coaccionado, me han acusado de poner línea editorial, de dirigir la orientaciones ,etcétera…pero tras éste lustro sigo pataleando.
      He invitado a mucha gente a participar como comentarista, pero normalmente me envian uno o dos artículos y ahi se muere la cosa, espero que al leer éste "artículo aniversario" se remotiven y sigan enviando posts.
      Durante el último año, me he mantenido mas bien silencioso y dedicado principalmente a repostear algunas cosas que me han parecido importantes, dejando de lado la laboriosa tarea que implica el generar un artículo (normalmente se piensa que es cosa de sentarse, escribir, pegar alguna foto y ya, pero quienes bloguean sabemos que para conseguir un buen trabajo es menester el leer, investigar y luego redactar, a la vuelta de por lo menos seis o siete horas resulta algo que vale la pena publicar). Por este motivo muchos colegas bloggers solo se dedican al reposteo, porque resulta ser intelectualmente cómodo, asi constatamos que no son pocos quiénes sólo tienen de original el nombre, pero, o no les da el cráneo para más o simplemente son de una pereza espectacular.
      Este año he comenzado el reposteo sistemático del Santoral Católico que digitaliza mi amigo Emilio Nazar del Diario Pregón de La Plata, espero les sea de utilidad y sirva como un aporte mas a las letras de este humilde emprendimiento, que han redundado en la conversion de mas de una persona, a Dios gracias.
      En fin, espero el poder seguir alimentando esta pequeña mascota llamada "Crux et Gladius", que como dije antes me ha dado buenos y malos momentos, y que he tenido que ir acomodando personalidades, a lo largo de estos años, para evitar que se afecte a algún tercero que trabajaba conmigo o a aquellos con quiénes he colaborado.De hecho, me resulta muy gracioso,el haber estado presente en no pocas ocasiones en reuniones donde se ha discutido sobre mi, con adherentes y retractores enfrentados sobre alguna de mis opiniones.No deja de ser reconfortante y gracioso el haber tomado partido por una u otra postura ..jajaja…en fin, agradezco la paciencia de todos.
      En el tiempo que dispongo para ésta labor, he tratado siempre de responder y publicar todos los comentarios. Cierto es que censuro algunos por motivos del lenguaje empleado y también es claro que no publico aquellos comentarios que contienen muchas puteadas en mi contra y blasfemias e irreverencias de talla mayor.
      Este Blog fue consagrado a San Benito de Nursia por un sacerdote amigo, a quien tengo presente en mis oraciones y espero lea éste post y continúe rezando por éste emprendimiento y por mi.
      Gracias y discúlpenme todas las autorreferencias. Espero mejorar la calidad y frecuencia de los artículos y quedo abierto a quiénes deseen enviar artículos originales o recopilaciones importantes, los cuales serán sometidos a mi parecer y publicados a la brevedad.
      Pido perdón a todos aquellos que he ofendido, a quiénes he escandalizado y finalmente, a quiénes he abierto los ojos:

      Los insto a seguir buscando La Verdad que es Cristo y Cristo Crucificado.
          ¡Vivan Cristo Rey y Maria Reina!


      Gladius.

      30/04/2012

      Santa (Catalina de Siena)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
      SANTA CATALINA DE SIENA

      061La_estigmatizacion_de_Santa_Catalina_de_Siena_(Domenico_Becaffumi_1515)

      Los que combaten al catolicismo tachándolo de enervador del alma, de formar espíritus encogidos, apocados, pusilánimes, cobardes, deberían recordar que en el catolicismo se formaron las grandes mujeres, las grandes salvadoras de pueblos, que no retrocedieron en la hora del peligro, luchando valerosas por el triunfo de la verdad y la justicia. Juana de Arco, la capitana ilustre se puso al frente de un ejército; e Isabel la Católica, nuestra insigne soberana, realizó, a despecho del moro, nuestra unidad nacional.

      La mujer, de suyo tímida e irresoluta, se decide, cuando la inflama el amor de Jesucristo, a afrontar todos los riesgos, a acometer todas las empresas nobles que puedan redundar en honra de Dios y provecho del prójimo. La célebre Virgen de Sena, la gloriosa Catalina, es prueba bien elocuente de que la profesión del catolicismo, lejos de disminuir, aumenta las energías espirituales imprimiéndonos una santa audacia, una inquebrantable resolución para emprender hazañas al parecer insuperables…

      ¡Las mujeres cristianas!... ¡Las vírgenes, las madres, las esposas y las viudas cristianas!... Estas heroínas de nuestra fe, son el modelo de la mujer perfecta, de que habla la Sagrada Escritura. No la busquemos en el paganismo. Semiramis y Cleopatra, tan preconizadas por los poetas decadentes, fueron grandes reinas, sí, pero hundidas en el légamo de sus repugnantes vicios.

      En cambio, las femeniles celebridades católicas lo reúnen todo: ciencia, valor y virtud. Esta virtud nimba todas sus empresas, todas sus demandas. Dentro de la virtud se agitan, envueltas por la virtud pasan a través de las sociedades. La virtud es el estuche precioso que guarda las perlas de sus grandezas.

      ¡Y qué grande y de cuánta trascendencia es el ejemplo de una mujer virtuosa!... La existencia del hogar radica en la virtud de la mujer. De la mujer depende que el hogar sea tabernáculo santo o infamante cubículo.

      Y los hogares son viveros de familias, y las familias inician las tribus, y las tribus forman las patrias, y las patrias constituyen el mundo…

      La bella mitad del género humano, si quisiera, podría regenerar al mundo… Pero son pocas las que, como Genoveva o Catalina, se dedican a esa noble misión. Se objetará: “No todas tienen el talento y la fortaleza de aquellas dos grandes mujeres”. Cierto; pero todas tienen en su alma un germen de virtud que puede transformarse en árbol gigante que cubra con su sombra benéfica muchos corazones.

      El feminismo, ese afán que caracteriza a muchas mujeres modernas por conquistar derechos y prerrogativas reservados exclusivamente a los hombres, consumiendo energías en una campaña infructífera, en una labor estéril que nada o muy poco habrá de reportar, debiera ser sustituido por el ansia de volver a la mujer muchas virtudes perdidas, muchas de esas bellezas morales que constituyen el principal encanto femenil.

      Si el feminismo es tener votos, ostentar la representación de un distrito o lucir la medalla municipal, es nuevo el feminismo. Pero si es interesarse por el bien de los ciudadanos, trabajar por la religión y por la patria, el feminismo ha existido siempre… La mujer debe siempre aparecer abnegada, desinteresada, generosa, desprendida…

      Jamás se movieron por el lucro Santa Genoveva, Santa Teresa, Santa Catalina… ¡Santa Catalina! Hoy celebra la Iglesia su festividad, y es justo que la consagremos algunas líneas. Mujeres como éstas son faros lucientes, antorchas fúlgidas que nos alumbran a todos. Los hombres, viendo sus grandes arrestos, pueden aprender a sacudir censurables apatías…

      La vida de Santa Catalina se halla compendiada en un cuadro de Fray Bartolomeo, marcado en la galería del Louvre con el número 1008: la santísima Virgen en un trono real, sostiene a su divino Hijo, el cual regala a Santa Catalina de Sena, que ante Él se arrodilla, el anillo de los esponsales. En el fondo, Santo Domingo y San Francisco de Asís, se abrazan, como dando ejemplo de unión, de paz y caridad que deben animar a las diversas familias cristianas y monásticas. El rey David canta al son de su arpa, y San Pedro, el Príncipe de los apóstoles, se adelanta y señala con su mano a la mujer fuerte que va a combatir por la Iglesia y a libertar el Papado.

      Efectivamente, Catalina fue la casta esposa de Jesucristo, de quien mereció el anillo nupcial, y fue incansable trabajadora que dedicó todos sus esfuerzos a empujar y llevar a puerto seguro la nave de la Iglesia, librándola de los muchos escollos del procelso mar de aquel siglo XIV, tan combatido por la herejía y el cisma.

      La Orden de Santo Domingo fue el vaso escogido por Catalina para guardar las flores de sus virtudes; mas éstas crecieron, se expansionaron y, no pudiendo el vaso contener tan abundante profusión, las flores se desparramaron por el mundo llenándolo de suavísimos perfumes… Es decir, que la acción de Catalina no se circunscribió al claustro: una mujer de sus méritos necesariamente tenía que desarrollar aquella acción sobre la tierra. La tierra se halló inundada de sus beneficios. Lo que Teresa de Jesús fue en España, respecto de la Orden del Carmelo, esto fue Catalina de Sena en Italia, en lo que concierne a la Orden dominicana, que con el talento y acometividad de aquella mujer sublime adquirió gran desarrollo de brillantez. Fundó muchos monasterios, y en los diversos viajes apostólicos que realizó por el ducado de Toscaza, atrajo con sus palabras al seno de la religión católica muchas almas que vivían aherrojadas en los abismos del error y de la culpa.

      Su caridad era inagotable, y ¡heroicamente hermosa! Un rasgo: Encuéntrase cierto día por el camino un pobre que, vivo y altanero, pídele limosna. “¡Ay, hermano! –dícele la santa-, no llevó ni un maravedí”. Insiste el pobre: “Pues este mandato algo valdrá, ¿por qué no me lo dáis?” “No me acordaba, tenéis razón”, respondió Catalina. Y le entrega el manto. Los religiosos que la acompañan, reconvienen su caridad indiscreta. Entonces la Santa, verdaderamente inspirada, contesta sublime: “Prefiero que me hallen sin manto, sin hábito, antes que me encuentren sin la caridad.”

      Otro rasgo: Cuidaba a una enferma repugnante, leprosa, hedionda… Esta enferma, era no más que úlceras, llagas, podredumbre… El ánimo más esforzado, el espíritu más ardiente y valientemente caritativo desfallecía de repugnancia y asco a presencia de aquel objeto humano pestilencial… Catalina sufría cada vez que disponíase a curarla. Pero al fin domó la rebelión de la naturaleza mediante un acto apenas creíble y cuyo solo relato hace estremecer. Así: sintiendo un día mayor repugnancia que de ordinario, tuvo el valor de recoger en un vaso el agua que acaba de servir para lavar una úlcera, y exclamó decidida: “Por Dios vivo, vas a beber lo que tanto horror te causa”. Y como si fuera un preciado licor, lo apuró de un solo trago. Al leer esto nuestra pusilanimidad se horroriza. El mismo demonio, dicen los viejos cronistas al referir estos hechos, debió quedar espantado.

      ¿Y qué decir de su gran talento? Algunos escritores sagrados suponen, con harto fundamento, que Dios concedió a esta hija del pueblo, que no había estudiado, una ciencia infusa superior a la de los más célebres teólogos. ¿Ignoráis que Santa Catalina es la patrona de los estudios en muchos colegios y universidades? ¿Nunca oísteis hablar de su cátedra teológica, de su famosa escuela místíca? Esta escuela, formada de sacerdotes, de monjes, de caballeros y de mujeres jóvenes, todos adictos, fieles, dedicados a la palabra de la Santa, es un hecho único en la historia de la Iglesia.

      Nada era tan necesario –dice un ilustre escritor-, como una escuela de teología en el siglo XIV, época en que los métodos usados en las escuelas tendían a disecar los espíritus y esterilizar los ingenios.

      Discípulos de Santa Catalina fueron el Padre Raimundo de Capua, hombre eminente, mezclado en muchos acontecimientos de su siglo; el Padre Tomás y el Padre Bartolomeo, ilustres dominicos; Esteban Macconi; Andrés Van, distinguido pintor que debió hallar al lado de Santa Catalina, tan bellas como dulces inspiraciones, y las bienaventuradas mujeres Florentina Juana Pazzi, Juana di Capo, Cecca, Olessa…, y otras muchas.

      Todos ellos escuchaban la autorizada voz de aquella mujer admirable, que ha quedado en las páginas de las historias eclesiástica y profana como dechado de santidad y portento de sabiduría. Los favores que recibió del cielo, sus visiones, sus éxtasis, sus milagros, sus profecías; aquella impresión de las llagas de Cristo, aquel continuo alimentarse con el eucarístico manjar, prueban de cuán subidos quilates debía ser el oro de su perfección, cuando así merecía ser galardonada en la tierra por el Poder divino. Y sus explicaciones teológicas, su profundo al par que tierno Diálogo, sus cartas numerosas a pontífices y obispos, superiores de Ordenes religiosas, príncipes, capitanes y estadistas, corroboran a la posteridad la fama de su gran talento. Así se explica que ella como un haz de rayos luminosos, disipase las sombras de aquella época triste y dolorosa porque en 1374 pasó la República de Sena; que juntase los ánimos hondamente divididos por las revoluciones interiores, que les restituyese pasadas energías, que abatiese los rigores de la fuerza opresora, bárbara, brutal… Así se explica que Catalina fuese el ángel de paz entre la toscaza y el augusto representante de Cristo, cuando Gregorio IX, justamente indignado por la sublevación de los florentinos contra los legados y oficiales de su pontificia autoridad, lanzó contra ellos las formidables censuras de la excomunión. Así se explica que sobre aquel Pontífice ejerciera tan decisiva influencia, obligándole a trasladarse de Aviñón a Roma; que fuese para el Papado lo que Juana de Arco fue para la monarquía francesa, ángel protector… Así se explica que Urbano VI, en medio de aquella furiosa tempestad que anunciaba los comienzos del gran cisma de Occidente, la eligiese árbitro y consejera de sus apostólicas resoluciones… Así se explica, en fin, la influencia que su prestigioso nombre llegó a ejercer en casi todas las costas de Europa, bamboleadas entonces por los recios vaivenes de una anarquía universal…

      (CONTINUARÁ… PÁG 564)

      29/04/2012

      Santoral (San Pedro de Verona Martir)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
      SAN PEDRO DE VERONA, MÁRTIR

      Los hombres, en su mayoría, gustan más de juzgar por las apariencias que por realidades. Lo aparente les cautiva en gran manera, y por lo aparente discurren, por lo incierto injurian, aplauden, ridiculizan o ensalzan.

      La veguedad, la inseguridad del "parece...", da margen a la fantasía para poblar los espacios de absurdos y quimeras; mientras que en la rotunda afirmación "es así", no caben las invenciones especiosas, las cábalas peregrinas, los desacertados juicios.

      El mundo gusta más de la novela que de la historia; del pasatiempo divertido que de la grave y honda reflexión. Aquello que se presenta indeciso, indeterminado, fluctuante, flotante entre lo que es y no es, guarda para la humanidad pervertida un encanto y un interés indefinibles. En el momento en que la duda se deshace, en que las sombras se aclaran, en que las suposiciones se desmoronan bajo el certero golpe de la realidad, se acaba el interés.

      Y menos mal, si la realidad corresponde a lo que el mundo creyó; pero, ¡ay, si trunca despiadada la leyenda que, en torno de la apariencia al mundo plugo urdir!... ¡Ay, si cae por tierra toda la máquina del embrollo!... ¡Qué decepción!

      Como el mundo gusta más de urdir sus historias alrdedeor de una apariencia mala que de una apariencia buena, resulta que se encoleriza casi siempre, cuando sus escenas soñadas no corresponden a la exactitud del caso, por haber sido sustituida la maldad sospechada, la perversión supuesta, por la virtud y el bien.

      Ello es triste, pero... es así. Dios nos manda pensar siempre bien. Pero el mundo, en contra de Dios, exlama: -"piensa mal y acertarás." -Y pensamos mal, y no siempre acertamos. Dios condena el juicio temerario, pero la sociedad con su moral casuística, dice que el juicio temerario es un pueril pasatiempo para distraer la maldad...

      Nos suscita las presentes reflexiones, un episodio que leemos en la historia de San Pedro, mártir, ornamento de la sagrada orden de los predicadores, cuya festividad celebra hoy la Iglesia.

      San Pedro, durante una época de su vida, fue víctima de la maledicencia del juicio temerario. ¡Y de sus mismos hermanos en religión!... Esta es una de las mayores desgracias que pueden sobrevenirnos: ser juzgados malévolamente por aquellos mismos que debieran ponerse a nuestro favor.

      Y para que mejor resalte la aviesa intención de aquellos que por apariencias le juzgaron, hagamos un diseño de las virtudes de nuestro Santo, modelo verdadero de cristiana perfección.

      Así como de las espinas brotan rosas, y agua de la peña dura, y fuego del pedernal, así de unos padres herejes, partidarios ciegos de los errores de Manés, nació Pedro de Verona, que fue rosa, y agua, y fuego a un tiempo mismo. Rosa por el penetrante aroma de sus virtudes; agua por el caudal exquisito de sus ternuras, a donde iban a beber todos los desventurados; fuego por el ardor con que combatió la herejía maniquea hasta ceñirse la corona del martirio... Pero no adelantemos los episodios de su admirable vida.

      Verona, ilustre ciudad de Lombardía, fue la patria de este Santo, quien, como dice un ilustre escritor, parece que desde las entrañas de su madre traía esculpido el amor de la fe católica y el aborrecimiento de los herejes.

      El "Creo en dios Padre, Todopoderoso, criador del cielo y de la tierra" fue su divisa constante, contra el parecer de los maniqueos, que no querían ver la hermosura del mundo visible que nos rodea, considerándolo todo como obra del demonio.

      Ni las promesas ni las amenazas de sus padres, qeu intentaron por todos los medios rendir el corazón de su hijo a la herajía, fueron suficientes prar hacerle abdicar de sus puras convicciones católicas. Pedro de Verona continuaba recitando cada vez con más fuerza el "Creo en Dios Padre, Todopoderoso, criador del cielo y de la tierra..."

      Terminados sus primeros estudios, Pedro marchó a Bolonia, en cuya célebre Universidad, se captó bien pronto la admiración y simpatía de sus maestros y condiscípulos, por las excepcionales prendas de su bondad y talento. Aquí no tuvo ya que sostener batallas contra el error y la impiedad, sino contra el vicio, que era lo que mayormente detestaba el virtuoso joven.

      Hallábase dotado Pedro de un alma exquisitamente pura. La castidad tenía para él un irresistible encanto. Ser casto, conservarse siempre puro, era en él una necesidad. Y así rehuía las invitaciones de sus compañeros de estudio, gente joven, bulliciosa, alegre, que le instaban frecuentemente a diversiones y jolgorios.

      Tal empeño, tanta tenacidad pusieron en desviarle del recto camino, que el Santo se proponía seguir, que Pedro, vista la acometividad, temió llegarse un día en que pudiese ceder, y cediendo perdiese, en una hora, cuanto desde que vino al mundo se había ganado ante los ojos de Dios.

      Semejante posibilidad llenó su alma de espanto, y para preservarse del peligro, decidió poner entre su alma y el mundo la barrera de la religión.

      Hallábase a la sazón en Bolonia el glorioso fundador Santo Domingo de Guzmán, y Pedro, impresionado por aquél hábito blanco y negro, doblemente simbólico, pues representa la pureza y la humildad, acordó solicitar su ingreso en la Orden de Predicadores, tan venerada en todo el orbe católico por la ciencia y santidad de sus miembros ilustres.

      Pedro de Verona, satisfizo sus deseos; el mismo Santo Domingo le concedió el hábito.

      Y ya en el claustro, no cabe imaginar un más allá de virtud, de piedad, de penitencia. Pedro, el ínclito veronés, recorrió en un día toda la escala de perfección. Sus mortificaciones fueron increíbles, y por ellas en cierta ocasión estuvo a punto de perder la vida, viéndose obligados los superiores de la Orden a amenguar su excesivo rigor.

      Pedro de Verona era también muy aficionado al estudio, en especial al estudio de las Sagradas Escrituras, con cuyo rico arsenal procuraba no solamente ilustrar su entendimiento, sino inflamar en el bien su voluntad y purificar de tal modo su corazón que, según testifican los Padres que le confesaron, nunca tuvo consentimiento de pecado mortal...

      Pues a un hombre tan justo, tan humilde, tan santo, la maledicencia hizo blanco de sus ataques, y él "parece que..." revoloteó en torno de su inmaculada vida poblando los espacios de repugnantes fantasmas...

      Lanzó el juicio temerario, al abrigo de una falsa apariencia, sus dardos venenosos sobre la ilustre figura de San Pedro de Verona, y en breve su prestigioso nombre fue pasto de la mundana voracidad.

      Respecto de él se cumplieron aquellas palabras de la Escritura: "...exacuerunt ut gladium linguas suas: intenderunt arcum, rem amaram, ut sagittent in occultis inmaculatum." (Psalm. LXIII, 4 y 5). Aguzaron como espadas sus lenguas: entesaron el arco, cosa amarga, para asaetar en oculto al inocente. "Lingüis suis dolose agebant: venenum aspidum sub labiis eorum." Con sus lenguas urdían engaños; veneno de áspides hay debajo de sus labios...

      Sí: nada vieron, y sin embargo, lo acusaron. Bastó un rumor, un conjunto de femeniles voces que a través de la celda de Fray Pedro de Verona se escuchaba para que alguien, mal pensado, de corazón mezquino y alma ruín, no tuviera recelo en ir de acá para allá dando por hecho lo que no había visto. ¿La apariencia le condena? Condenémosle nosotros también. Y sin reparar en toda su vida anterior, de abnegaciones, de penitencias, de sacrificios, así, en un momento y de un solo golpe se tumba a la figura en tierra para que la pisoteen y la escarnezcan los hipócritas y bajos serviles.

      (CONTINUARA   pag 550)

      28/04/2012

      Santoral (San Pablo de la Cruz)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
      SAN PABLO DE LA CRUZ

      st_paul_cross2

      Toda la vida del Salvador sobre la tierra es un tejido admirable de divinas enseñanzas. Toda ella encanta y sacude el alma del fervoroso cristiano a impulsos de nobilísimos sentimientos. ¿Hemos dicho del fervoroso cristiano? Nuestros mismos enemigos, aquellos que no militan en el seno de nuestra bendita religión, se admiran y conmueven leyendo las narraciones evangélicas, las páginas sublimes de los cuatro libros inspirados, donde se delinea a grandes rasgos la excelsa figura de Jesús.

      Y de entre todos los actos divinos que allí se refieren, no hay nada que les impresione tanto como las escenas de la Sagrada Pasión. Jesús-niño, en la cuna, adorado por los pastores, es una página tiernísima, cuya belleza no llega al corazón de muchos hombres, que perdieron con el transcurso del tiempo el encanto de la inocencia y sencillez primitivas, adquiriendo en cambio la prosaica rudeza de los años que van poco a poco deshojando, con los garfios de sus dedos, los blancos pétalos de aquellas rosas de sentimientos puros, exquisitos e ingenuos…

      Jesús, mártir, y mártir por el ideal más sublime, cual es la salvación, el perdón, la felicidad –una felicidad eterna- del género humano, levanta el corazón de todas las muchedumbres, que ante el drama sublime del Calvario no pueden reprimir una exclamación de asombro. La grandeza del magnífico espectáculo anonada con su peso sublime al impío, que no sabiendo ya cómo exteriorizar el entusiasmo que le produce aquel hermoso sacrificio, y obcecado por otra parte con sus sistemáticas prevenciones, que no le dejan lugar a una declaración explícita y terminante, llega a decir sin embargo: “Si ese hombre no es Dios, merece serlo”.

      No cabe mayor elogio que respecto a Jesús podamos exigir los creyentes de un materialista. ¿Cuándo hemos oído decir algo parecido en los discursos encomiásticos que ha prodigado la posteridad a los hombres ilustres de la Historia?

      El sacrificio del Redentor produce en los hombres de todas las razas, de todas las castas, de todas las naciones una sensación indefinible… Jesús en la cuna, es como una de esas flores bellas que solamente saben apreciar las almas delicadas y exquisitas: pero Jesús en la Cruz se impone a todos, como se impone el rayo de la tempestad que surca la atmósfera. Jesús en la Cruz es la belleza trágica, la grandeza, la hermosura que abarca con sus brazos extendidos toda la redondez del mundo…

      Y si hasta los mismos que le fustigan se sobrecogen y conmocionan y admiran cuando consideran ese pasaje con que termina su vida en la tierra el divino Salvador, ¿qué será para aquellos que le reconocen y le aman, adorándole como lo que es en realidad, Dios verdadero…?

      ¿Qué será de la consideración del drama del Calvario para aquellas almas devotas, exquisitamente sensibles y cristianas, que exhalan en todos sus actos y en todas sus palabras, como una ráfaga olorosa, su puro, entrañable, inextinguible amor a Cristo…?

      La contemplación de Jesús crucificado fue para San Pablo de la Cruz su continuo objeto, y, deseando padecer por quien tanto padeció, desde niño comenzó a castigar su inocente cuerpo con ayunos, azotes y vigilias, llegando hasta el punto de beber, en los viernes de cada semana, vinagre con hiel desleída, en memoria de la amarga pócima que dieron cuando agonizaba en la Cruz al amado Redentor.

      La característica de este gran Santo es su amor a la Cruz; este amor le hizo variar su apellido Daniel por el emblema de nuestra sagrada redención; le hizo alistarse en la cruzada que los venecianos armaron contra los turcos el año 1716, desechar ventajosas proposiciones matrimoniales, repartir toda su fortuna entre los pobres, instituír, en fin, la Congregación de los Pasionistas, que a más de los tres votos peculiares de cada Orden, ostenta el de promover siempre, en todo tiempo y lugar, la devoción y el amor a la sagrada Pasión de Jesucristo.

      Son dignas de conocerse las circunstancias que motivaron la creación de este religioso Instituto. Había cumplido el Santo veintiséis años, y según su piadosa costumbre, después de haber comulgado en una iglesia de Padres Capuchinos, tornaba a casa ensimismado, como siempre, en la consideración de los misterios del Drama sacratísimo.

      Apenas llegó a su casa, arrebatado en espíritu, se vio revestido por la Virgen de una túnica negra, la cual ostentaba un corazón con una cruz encima y este lema, marcado con letras blancas: Passio D. N. Jesu Christi: Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

      El divino Salvador hizo comprender a nuestro Santo que ésta era la divisa de una nueva Orden, que él, Pablo, en honra del Sacrificio del Dios-hombre, habría de fundar.

      (CONTINUARA… Pag 534)

      27/04/2012

      Santoral (San Pedro Armengol)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
      SAN PEDRO ARMENGOL

      san_pedro_armengol

      Corre el año 1258. La noble casa de Armengol, que se ilustra con las ascendencias de las casas reales de Francia, Castilla y Aragón, y con los condados de Urgel, Barcelona y Flandes, se ha prolongado en un vástago nuevo, en Pedro, hijo de Arnaldo Armengol, pundonoroso caballero, modelo de valor y religiosidad.

      Guardia de los Prados, villa del arzobispado de Tarragona, se engalana con sus mejores atavíos: la señorial mansión de los Armengols tócase en los balaustres de sus severos balcones con aterciopelados reposteros donde luce bordado en oro el familiar escudo; arcos de ramaje construidos por sencillos aldeanos que así quieren asociarse a la alegría de los poderosos señores de Armengol, decoran las entradas del camino por donde en briosos corceles se aproxima lucido cortejo de invitados. A la lumbre del sol chispean los bruñidos arneses, y las colas de los briosos caballos agitados por el viento, semejan recios cordones de luces enredadas.

      El címbalo de la humilde iglesia parroquial tañe en grato son de solemnidad festiva, y más de una dulzaina rústica tocadas por campesinos ingenuos, dilatan por el espacio, con sus dulces notas la sana alegría en que rebosa la Guardia de los Prados.

      ¿Por qué este general regocijo? ¿Por qué la dulce satisfacción que en todos los semblantes se observa?

      ¡El hijo de don Arnaldo de Armengol, el nuevo vástago de la casa Armengol, va a recibir las aguas del Bautismo!... Por eso el brocatel se exhibe en los trajes de las damas, y el oro pulido en las armas de los caballeros, y la zamarra limpia en los hombros del villano, y la gargantilla acoralada sobre el blanco justillo de la aldeana moza, y la campana replica alegremente, y la dulzaina se deshace en ternuras, y los viejos servidores de la casa solariega, van por los grupos de los humildes hijos del pueblo repartiendo golosinas y abundantes limosnas… ¡Todo por don Pedro de Armengol, el florón nuevo de la casa ilustre!... Vedle allí, sobre la pila bautismal!, sostenido por su padrino, uno de los más nobles señores de la corte de Aragón: las vestiduras bautismales, que el oro recamó, fulgen como una constelación de astros, bajo el influjo de los copiosos cirios; el agua santa cae desde argentífera caparazón que vacía el sacerdote, sobre la cabeza del recién nacido, y al caer cada gota semeja el polvo de una perla fragmentada… Bañó el agua regeneradora la testa del noble primogénito y entonces se escuchó una voz del venerable padre mercedario Fray Bernardo Corbaria, que decía solemnemente: “A este niño un patíbulo ha de hacerle santo”.

      La extraña profecía corrió de boca en boca, y al día siguiente, todos los habitantes de Guardia de los Prados, repetían como un eco del fraile de la Merced: “A Pedro de Armengol un patíbulo había de hacerle santo…”

      Transcurrieron los años. La noble señora de Armengol murió cuando apenas su hijo Pedro había cumplido los nueve. Arnaldo, requerido por su rey, se hallaba empeñado en guerreras lizas. La educación de Pedro fue confiada a un anciano y probo mayordomo de la casa que, marchando por los mismos senderos dibujados en el alma del niño por aquella virtuosísima señora que le dio al mundo, procuró infiltrar en Pedro los rectos principios de la moral cristiana.

      Mas, ¡ay!, que todo cuidado es poco cuando se trata de velar por la juventud inexperta. Plántense gérmenes de virtud en el alma de un joven, y olvídese de procurarle buenas compañías, y entonces todo aquel interés desplegado en su obsequio, resultará inútil. La impresión de los buenos ejemplos familiares, se borrará pronto con el roce constante de aquellos amigos que sólo tienen por norma de su conducta la corrupción y el escándalo. Esto aconteció con el ilustre vástago de Arnaldo Armengol. Pedro, por condescendencia de su ayo, de quien poco a poco fue mimosamente ganándose la voluntad, frecuentó peligrosas amistades, que tornárosle en el joven voluble, caprichoso e inquieto, pronto a olvidarse de las obligaciones más santas con tal de conseguir sus inmoderados deseos.

      Advirtió su preceptor el cambio que inadvertidamente, por sus permisiones, se había operado en el alma de su discípulo. Quiso remediarlo, oponiéndose a aquellas entrevistas amistosas, origen de la naciente perversión. Pero ya era tarde; el fuego de las pasiones había subido, y la ciudad de las virtudes, era presa de violentas llamas. Pedro Armengol, olvidado de su prosapia ilustre, hacía traición al honor de sus antepasados, y enfangaba su linajudo apellido con alardes de crápula y desorden.

      Todo el pueblo hallábase escandalizado con el proceder indigno de aquel mancebo por cuyas venas corría sangre de ilustres príncipes, y la noticia de tanto exceso y tropelías llegó a oídos de su padre, el virtuoso caballero D. Arnaldo de Armengol, quien procuró entrevistarse inmediatamente con Pedro, a fin de interponer con él su autoridad y su cariño, atrayéndole a la buena senda, de la que tanto se había apartado.

      -  “¿Qué desórdenes son los de vuestra vida, infeliz Pedro? –exclamó Arnaldo apenas le vio. -¿Podré llamaros mi hijo? ¿Pensáis que el nacer noble es privilegio de vivir mal? La nobleza es regla de vivir bien, y quien nace como vos, nace con muchas obligaciones y ha menester de cumplirlas. El valor se muestra en los combates, peleando por Dios y por la Patria, no en la zahúrda disputando por groseras causas con inmundos compañeros. Si sois valiente, servid al rey en la guerra, y no le inquietéis sus vasallos en la paz. ¡Ah!, ya comprendo aquella sentencia del venerable Fray Bernardo Corbaria: “A este niño un patíbulo había de hacerle santo”. Lo de patíbulo, es fácil; vuestra santidad…, ¡ay!, vuestra santidad, lo dificulto. ¡Ojalá me equivoque! ¡Ojalá tenga de mí piedad el cielo, moviéndoos el corazón a sincero arrepentimiento!...” Y de los ojos del atribulado padre se desprendieron abundantes lágrimas, que velaron las voces de su lastimera reconvención.

      Fueron inútiles aquellas palabras dictadas por la caridad más honda, por la caridad de un padre que veía, con los ojos empañados de lágrimas, el camino de perdición que seguía su hijo.

      Abyssus abyssum invocat: un abismo llama a otro abismo: Pedro, olvidados ya todo decoro y todo humano sentimiento, no queriendo sufrir por más tiempo las reconvenciones paternales, huyó, en unión de otros amigos tan perversos como él, de su pueblo natal, y haciéndose jefe de ellos, organizó una partida de bandoleros que pronto sembró el terror en toda la comarca de Cataluña.

      Allá iban, robando, incendiando, cometiendo todo género de tropelías. Desprovistos de recursos, por satisfacer sus vicios y necesidades, no retrocedían ante nada ni ante nadie, y los ruegos de la madre y de la esposa, y el llanto de los hijos, que asustábanse al contemplar las siniestras cataduras de los bandidos, no les impedían seguir adelante en sus criminales empresas. Un odio feroz a la humanidad guiaba sus pasos, y a su contacto, la tierra catalana transpiraba sangre…

      El pernicioso ejemplo de Pedro Armengol y sus compañeros, fue seguido por otros, y en breve la provincia de Tarragona sintió el azote de varias partidas de forajidos.

      Era preciso dar una violenta batida a tan crecido número de malhechores. Además, el rey D. Jaime tenía que pasar de Valencia a Montpellier y había forzosamente que limpiar los caminos de bandoleros.

      Y… ¡misteriosos, pero siempre sabios designios de la Providencia! Arnaldo Armengol, el padre del principal malhechor de cuantos merodeaban por aquellos terrenos, fue encargado por su experiencia militar, de salir con fuerzas de a pie y caballería en persecución de los bandidos.

      Era un día en que el sol lanzaba sobre la tierra sus más brillantes rayos. El dorado polvo solar fijándose sobre las rocas, iba rellenando sus huecos con haces de lumbre. Un velo de oro luminoso parecía flotar en el ambiente, y sus puntas, cayendo encima de las hojosas ramas de los árboles, daban un tinte rubiáceo a los verdores floridos.

      A través de largos y profundos desfiladeros, atajando los caminos vecinales y las carreteras por cuestas, riachuelos y trochas, marchaba al frente de sus compañías de soldados, el valeroso caballero don Arnaldo de Armengol.

      El pesar nubla su frente, y su corazón se agita a impulsos de contrarios sentimientos. El amor paternal y el deber de su cargo, batallan en su espíritu; y la vergüenza, el oprobio de aquel hijo desventurado, que tan negro borrón ha echado sobre una casa que fue siempre el prototipo del honor y la hidalguía, afluye a su rostro, taladrándolo con esos puntos de rojez inconfundible…

      Abrumado, inclina el noble caballero de vez en cuando su frente, y temiendo el encuentro de aquel hijo ingrato, sobre cuya cabeza la real justicia iba a descargar su golpe, afloja a veces las riendas de un corcel que, aligerado del freno, baja la cerviz gallarda, poniéndose a mirar plácidamente los verdes rastrojos que bordan de trecho en trecho el accidentado camino. Pero pronto el capitán se rehace, yergue sobre la silla el contraído busto, levanta altiva la cabeza, fulguran sus ojos con la lumbre de una cólera justa, y, picando espuelas al caballo, exclama lleno de noble altivez: -“No, mi deber ante todo… Ese hijo, ya no es hijo mío;  es un salteador de caminos, es un homicida, ¡es un ladrón!...” Y las venas de su faz señoril, se hinchan, y el color rojo de la vergüenza aumenta la intensidad de su característica coloración…

      Varias horas llevaban ya los soldados de caminar, cuando uno de los vigías destacados por Arnaldo en las avanzadas del terreno, se dirigió presto a su jefe, diciéndole: -“Señor, parece que una partida de bandidos, se acoge ahí, en el valle que forman estas dos montañas.”

      Arnaldo Armengol, dio órdenes de avanzar cautelosamente por una vereda que se perdía entre el bosque.

      Efectivamente, allá abajo, vivaqueaban algunos hombres, quienes por sus haraposas trazas, parecían pertenecer a alguna de aquellas bandas malhechoras que llenaban de constante perturbación al país.

      No era posible distinguir sus rostros; sólo al reflejo del sol se veían brillar sus armas.

      Toda la cautela que al bajar pusieron los perseguidores, no fue bastante para que los bandidos dejaran de apercibirse del peligro que corrían. Así es, que apenas divisaron en los promedios del monte a los jinetes, emprendieron veloz huída. Escuchábase la voz desafortunada de uno de ellos, sin duda el más valiente, que decía: -“¡No huyáis, cobardes! Son pocos; aguardémosles aquí y demos buena cuenta de ellos.”

      Pero los aludidos no hacían caso de tales palabras, y apresurábanse a escapar trepando por las laderas opuestas.

      Los soldados esforzaron su marcha, y cortando por diversos lados la retirada a los perseguidos, cayeron pronto sobre ellos, aprisionando a unos y matando a los que intentaban hacerles resistencia.

      Respecto al que parecía jefe de la banda, más afortunado que los otros, trepaba con gran agilidad por una eminencia que los soldados olvidaron de escudar, y ya parecía hallarse en salvo. Mas no fue así, pues advertido el caballero Armengol, picó espuelas al corcel, y galopando rápidamente dio vuelta al montículo, y aguardó allí, lanza en riestre, la salida del criminal. Éste no tardó en aparecer, y su decepción al verse copado fue horrible. Ciego de ira arremetió contra el caballo, clavándole su acero en los ijares… Rodó el jinete, lanzando un ay de confusión y espanto… ¡Don Arnaldo Armengol, había reconocido en aquel hombre que de tan rápida manera le había agredido, a su propio hijo Pedro!...

      El lamento del padre hirió profundamente el alma del agresor, quien acercándose al valiente capitán, vio, con asombro, que aquel contra el cual había desenvainado su espada, era ¡su padre!...

      Entonces, las entrañas del amor filial se abrieron, y un torrente de lágrimas inundó la faz de Pedro de Armengol. El arrepentimiento purificaba su alma, sumida desde largo tiempo en la más baja abyección.

      Solícito se acercó al noble capitán caído, y alzándole del suelo, prosternóse a sus pies, aclamando, mientras sus ojos vertían un copioso raudal: “Padre mío, perdonadme; he sido un insensato, bien lo sé. He arrastrado por el suelo vuestro honor, y soy digno, lo reconozco, del mayor de los castigos. Pero yo prometo desde ahora, en que parece que mi corazón se alumbra con una luz del cielo, enmendar completamente mi conducta, consagrando todos los días de mi vida a Dios. Vos sois bueno, padre mío, y no dejaréis de otorgarme ese perdón que será mi mayor dicha.”

      No acertaba a creer Arnaldo la maravilla obrada en el corazón de su hijo; pero conociendo al fin que era aquello un favor especialísimo de la misericordia divina, dio gracias a la Providencia que tan sabiamente dispone sus planes, y abriendo cariñoso los brazos, estrechó contra su corazón a aquel hijo descarriado por quien tantas lágrimas había vertido.

      Sin embargo, exacto cumplidor de su deber, acordó llevarle a presencia del rey para que éste administrara justicia.

      Don Jaime, en pago a los muchos servicios prestados por su fiel servidor Arnaldo, perdonó a Pedro, y éste, cumpliendo su promesa, ingresó en la Orden Mercedaria, de la que fue bien pronto, por sus penitencias, su saber y sus virtudes, uno de los ornamentos más preciados.

      Sus ansias de padecer por Cristo le llevaron a tierra africana, donde varias veces quedó en rehenes por libertar a infelices cautivos, y donde sufrió por parte de los fanáticos hijos de Mahoma, atroces suplicios, en los cuales, se patentizó la gracia que había alcanzado ante el Señor y la Santísima Virgen, quienes en más de una ocasión se le aparecieron, desatando, como el ángel a San Pedro Apóstol en la cárcel mamertiana, las ligaduras que le retenían en lóbrega mazmorra.

      Así como su vida anterior fue causa de que muchos dilapidasen su hacienda y cometieran grandes pecados, así ahora, sus heroicas virtudes y sacrificios motivaron la conversión de numerosos pecadores que, contagiados del admirable ejemplo de San Pedro Armengol, abrazaron el Instituto de la Merced.

      No pudiendo sufrir su humildad los honores que le tributaba toda la ciudad de Barcelona a su regreso de África, marchó al pobre convento de Nuestra Señora de los Prados, sito en el arzobispado de Tarragona, donde murió el 27 de Abril del año 1277.

      La predicación de Fray Bernardo Corbaria se había cumplido. San Pedro Armengol fue canonizado por Inocencio X el 18 de Abril de 1683.

      Sus reliquias se guardan en la parroquia de Guardia de los Prados, su lugar natal, donde son objeto de gran veneración.

      26/04/2012

      Santoral (Nuestra Señora del Buen Consejo)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
      NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO

      z_buen_consejoLa Virgen del Buen Consejo!... La celestial Señora, Madre de dios, alienta con las múltiples advocaciones que le da la Iglesia, el desmayado corazón de sus atribulados hijos. Ella, María, es la Virgen del Perpetuo Socorro, del Amor Hermoso de los afligidos, de los Desamparados, de la Esperanza, del Consuelo, de la piedad… Ella es la acogedora constante de la Esperanza, del Consuelo, de la piedad… Ella es la acogedora constante de nuestros suspiros, de nuestras lágrimas, de nuestros infortunios. Ella es la perdonadora de nuestras culpas, la intercesora con el Poder divino para que nos infunda la gracia del arrepentimiento…

      ¡María!... ¡Cuánta belleza encierra cada una de las advocaciones con que la designa el vulgo piadoso!... ¡Y como ella sabe corresponder a la confianza que esos amorosos títulos despiertan en el corazón de sus devotos!...

      Hoy se la celebra con el de “Nuestra Señora del Buen Consejo”, y a fe, que el verdadero creyente que en las circunstancias indecisas, difíciles, embarazosas de su vida, se prosterne ante la celestial Emperatriz demandándola protección y ayuda, sacará fortalecida el alma, contando con nuevos bríos y luces para proseguir el fatigoso y obscuro sendero de su existencia.

      Entre las advocaciones de María no podía faltar esta del Buen Consejo. Y se comprende: el hombre, por sabio y experimentado que sea, no puede pasar todo el tiempo de su vida sin un amigo, sin un guía, sin un consejero. Todos necesitamos del consejo, de la advertencia leal, sincera, cariñosa. Lo difícil es encontrar la persona que sepa darlo, porque los consejos han de brotar de los corazones verdaderamente amigos, de aquellos que con desinterés se interesen por nosotros. Y los grandes amigos son muy escasos. Acordémonos de lo que en tal sentir nos dice la Escritura.

      Por eso nadie puede aconsejarnos mejor que una madre; la madre, para el hijo, es el corazón que nunca muere: la felicidad del hijo la obsesiona: todas sus advertencias irán encaminadas a procurar el bien a ese pedazo desprendido de su alma. Ya se comprenderá que hablamos de la madre en su riguroso sentido, no de la que siéndolo, escarnece con su conducta y egoísmo tan excelso nombre.

      (CONTINUARÁ… P. 505)

      25/04/2012

      Santoral (San Marcos Evangelista)

      http://misantoraltradicional.blogspot.com/
      SAN MARCOS, EVANGELISTA

      0468

      Cristo es Dios, y Dios es la fortaleza, la Sabiduría y el Amor. Cristo, fuerte, podría haber sometido en un momento a todas las naciones de la tierra. Cristo, sabio, podía haber llenado de asombro a los más grandes filósofos. Cristo, amable, podía haber cautivado a toda la humanidad. Sin embargo, Cristo, durante su paso por el mundo, circunscribe su acción a la nación judaica. Los hombres famosos de aquel tiempo por su autoridad y su saber desconocen el nombre de Cristo. Atenas y roma ignoran que en Judea vive el Hombre-Dios, cuyas manos realizan curas milagrosas, y en cuyas palabras flota la luz del cielo y una armonía de imperecedero amor.

      ¿Por qué el Redentor sublime rehúsa conquistar en una hora, en un minuto al siglo? Porque entonces hubiérase dicho que el mundo había sido seducido, arrebatado, sorprendido por Dios. Nuestra libertad hubiera sufrido mengua, y los portentos que ilustran a cada paso la historia de nuestra Religión, no hubieran tenido ocasión de manifestarse.

      Claro está que poseyendo a Dios, huelgan todos los prodigios: pero son los prodigios humanos, no aquellos en que interviene la Divina Sabiduría. Cuando luce el sol, están demás las lámparas eléctricas, pero no las plantas y las flores en cuyas corolas refleja sus fulgores el gran disco.

      Dios, proyectando sus lumbres sobre la flor de los humanos corazones, torna a estos más vivos y resplandecientes; y así como en cada una de las flores coloreadas por la luz, hay un nuevo motivo de admiración y agradecimiento a esa luz, así también en cada uno de los corazones que pule y abrillanta Dios, hallamos ocasiones de admirar y agradecer su sabia Providencia.

      Con la súbita conversión del mundo al cristianismo, no hubieran aparecido los apóstoles y los mártires, y desconoceríamos los grandes sacrificios, las grandes bellezas del alma humana. En cambio, convertido poco a poco por doce pescadores, por doce hombres sin instrucción, sin armas, sin recursos de ningún género, frente a frente de los poderes de la tierra que oponían a la predicación apostólica las argumentaciones de sus filósofos y la crueldad de sus verdugos, suscita el hecho en nosotros profunda admiración, y no podemos menos de alabar la Omnipotencia divina que realizó tan asombroso milagro.

      Según los conocimientos, competencia y posición de que gozan, los fieles tienen el derecho e incluso a veces el deber de manifestar a los Pastores su opinión sobre cuestiones que pertenecen al bien de la Iglesia, y también tienen derecho a hacer conocer su opinión a los demás fieles cristianos , con el debido respeto a la integridad de la fe y la moral y a la reverencia hacia sus pastores, y con la consideración por el bien común y la dignidad de las personas. [CIC, Codex Iuris Canonicus (1983), Can. 212, § 3.]

      LinkWithin

      Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

      ....

      ......


      Club de los Sitios Católicos Clic para escuchar Radio en Vivo